Cibercondría: cuando Google te enferma más que ayudarte
Ansiedad, autodiagnóstico y el impacto de internet en la salud mental en Buenos Aires
¿Te pasás horas buscando síntomas en internet y terminás más preocupado que antes? La cibercondría afecta cada vez a más personas en Buenos Aires y puede volverse una verdadera trampa psicológica. Acá te contamos cómo reconocerla y qué hacer al respecto.
El síntoma detrás del síntoma
Buscar en Google se ha vuelto una reacción casi automática ante cualquier malestar. Dolor de cabeza, cansancio persistente, una erupción rara en la piel… Basta con teclear unas palabras para que aparezcan miles de respuestas. Pero ¿qué pasa cuando esa búsqueda, en lugar de calmarte, te agita más? ¿Qué ocurre cuando la información te satura, te confunde y multiplica tus miedos?
La cibercondría es eso: una forma moderna de ansiedad que se expresa a través de la necesidad compulsiva de buscar información médica o psicológica online. Se parece mucho a una adicción a internet. Tiene urgencia, repetición, aislamiento, y sobre todo, una ilusión de control. Como toda adicción, promete una solución inmediata, pero en el fondo, deja más vacío del que había antes.
En muchos casos, actúa como un mecanismo de defensa frente a situaciones emocionales no resueltas. Es una forma de tapar la angustia con respuestas. Pero la angustia no se resuelve con una página web. A lo sumo, se desplaza.
La paradoja de las respuestas infinitas
Frente a una computadora, podés encontrar un sinfín de respuestas. Muchas son contradictorias, otras directamente erróneas, y todas llegan en tiempo récord. Pero detrás de esa inmediatez, se esconde un mecanismo más profundo: la búsqueda de una certeza que calme, aunque sea momentáneamente, una incertidumbre más existencial.
Un síntoma —una duda, una sensación rara, una angustia— tiene múltiples significados posibles. Cuando se lo reduce a una definición rápida, se pierde algo esencial: la posibilidad de descubrir qué lugar ocupa ese síntoma en la historia de cada persona.
La información sin elaboración se vuelve ruido. El exceso de datos —también llamado infoxicación— se parece al vértigo: cuanto más hay, menos se comprende. Y como diría Lacan, lo que moviliza el deseo no es la certeza, sino la falta. Aguantar esa falta, sostener esa pregunta abierta, es lo que permite que algo nuevo emerja.
El grupo como espacio creativo
A diferencia del consumo solitario de respuestas prefabricadas, un grupo terapéutico ofrece algo radicalmente distinto: un espacio de construcción. Allí no se trata de encontrar «la» respuesta, sino de darle lugar a la propia voz en relación con la de otros. Lo que en Google se consume, en el grupo se crea.
Participar de un grupo es abrirse al intercambio, al reflejo, a la escucha. Es recibir y dar. Es ver cómo algo que me pasa a mí, también le pasa a otro. Y a veces, en ese ida y vuelta, aparece algo inesperado: una asociación, una emoción nueva, un brote verde.
Además, en el grupo no siempre se recibe lo que uno espera: muchas veces se es confrontado. No se satisface al instante lo que quiero confirmar o necesito refutar. En esa confrontación, se aprenden los límites de la frustración, se tolera la angustia ante la falta y se empieza a ejercer un dominio real sobre uno mismo y las propias emociones. Eso —y no el control ilusorio del clic— es lo que constituye una verdadera salud mental.
Como decía Freud, la salud psíquica no es algo dado: es algo a conquistar. Y ese proceso lleva tiempo, vínculo y elaboración.
Buscar equilibrio en tiempos de vértigo
No se trata de demonizar la tecnología ni de negar el valor del conocimiento. Al contrario: internet puede ser una herramienta poderosa. Pero como toda herramienta, requiere un uso consciente, equilibrado y en su justa medida.
La hipocondría clásica encuentra hoy su versión 4G: la cibercondría. Una especie de ansiedad por salud amplificada por algoritmos, rankings de enfermedades y experiencias ajenas sin filtro. Cuando se reemplaza el diálogo con otros por la compulsión al clic, se pierde contacto con lo que realmente importa: la experiencia singular.
En tiempos donde todo parece estar al alcance de un buscador, es fundamental recordar que no todo debe cerrarse con una definición rápida. Que hay cosas que necesitan ser habitadas, compartidas, elaboradas. Que el malestar no siempre es un error a corregir, sino un mensaje a interpretar.
En resumen
En el grupo se construye, se crea. Solo frente a internet se consume, se destruye.
Si sentís que estás atrapado en la trampa del autodiagnóstico, si el exceso de información te angustia más de lo que te alivia, quizás sea momento de probar otra vía.
Un grupo terapéutico puede ser ese espacio diferente donde tu malestar deje de ser un problema a ocultar y se convierta en una puerta de entrada a algo más.
Próximo paso: sumarte a un grupo terapéutico presencial
Si sentís que es tu momento para crecer junto a otras personas, podés solicitar una entrevista de admisión inicial (sin cargo). Allí conversaremos sobre tus objetivos y veremos juntos si este formato es el más adecuado para vos.
Referencias
- Starcevic, V., & Berle, D. (2013). Cyberchondria: Towards a better understanding of excessive health-related Internet use. Expert Review of Neurotherapeutics, 13(2), 205–213.
- Lacan, J. (1966). Escritos. Siglo XXI.
- AGPA – Evidence-Based Practice in Group Psychotherapy: Evidence-Based Practice in Group Psychotherapy (AGPA)
